Los registros policiales muestran más hechos conocidos durante los meses de verano. Sin embargo, una gran parte de las violencias sexuales nunca llega a denunciarse y muchas ocurren en espacios cotidianos, ejercidas por hombres conocidos.
Este verano como en los anteriores, surgen en los medios de comunicación noticias que nos hacen preguntarnos ¿aumentan en esta temporada las violencias sexuales o algunas se hacen más visibles?
Desde Aspacia estamos convencidas que las agresiones ocurridas en fiestas, festivales y espacios de ocio requieren prevención, recursos especializados y respuestas contundentes. Sin embargo, concentrar toda la conversación en estos espacios puede dejar fuera otras violencias que suceden cada día, aquellas que ocurren lejos de los titulares y de la mirada pública, por estar normalizadas o invisibles.
El Informe sobre delitos contra la libertad sexual en España 2024, del Ministerio del Interior, identifica un patrón estacional en los registros policiales. Revisando los hechos conocidos entre 2018 y 2024, julio presenta la cifra más alta entre los meses de verano.
Estos datos son importantes, pero es importante resaltar que lo que el mismo informe recuerda: que se recogen hechos conocidos por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y que no reflejan la totalidad de las violencias cometidas debido, entre otras razones, a la falta de denuncia y a las dificultades para reconocer como violencia sexual algunas conductas sufridas.
La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024 confirma la enorme distancia entre la violencia vivida y la registrada: solo el 4,9 % de las mujeres que habían sufrido violencia sexual fuera de la pareja había denunciado alguna de estas agresiones ante la policía o el juzgado.
Estos datos confirman que la visibilidad que adquieren las violencias ocurridas en verano, no reflejan la totalidad de situaciones ni las formas más comunes en que ocurren.
El imaginario más extendido continúa situando la violencia sexual de noche, en un espacio público y ejercida por un desconocido. Pero los datos muestran una realidad distinta.
El 68,5 % de las mujeres que habían sufrido una violación fuera de la pareja señaló que esta ocurrió en una casa. Apenas un 11 % mencionó un entorno festivo como lugar de ocurrencia de estos hechos. Y además, el 88 % conocía previamente al agresor, entre los que se mencionan a un familiar, amigo u otro hombre de su entorno, todos estos datos los refleja la Macroencuesta mencionada.
Las violencias sexuales también ocurren dentro de las familias, las parejas, los centros educativos, los espacios laborales y las relaciones de confianza. Pueden mantenerse durante meses o años, sostenidas por el miedo, la dependencia, la normalización o el silencio del entorno.
Frente a los relatos que concentran las violencias sexuales en el verano, la noche o los espacios de ocio, encontramos también medios y periodistas que contribuyen a ampliar la mirada y a mantener estas violencias en la agenda durante todo el año.
Medios como El Salto, Efeminista o El País, entre otros, han abordado cuestiones como las violencias sexuales en los entornos cercanos, la infradenuncia o el mito del agresor desconocido. Reconocer estas prácticas periodísticas también es importante, pues la forma en que contamos las violencias sexuales contribuye a alimentar el imaginario social sobre dónde ocurren, quiénes las ejercen y a qué supervivientes vemos y escuchamos.
Con esta misma mirada, desde Fundación Aspacia hemos puesto en marcha la campaña “Visible todo el año. Accesible para todas”, una propuesta para ampliar la conversación sobre las violencias sexuales más allá de su presencia puntual en los titulares de verano.
A través de contenidos en redes, información especializada y recursos, queremos contribuir a reconocer también aquellas violencias que permanecen ocultas o normalizadas y recordar que la prevención, la atención y el acompañamiento a las supervivientes son necesarios durante todo el año.
La prevención no puede reducirse a advertir a las mujeres para que vigilen sus bebidas, sus desplazamientos, sus relaciones o su forma de relacionarse.
Estas recomendaciones resultan insuficientes y culpabilizantes cuando no se señala a quien agrede ni se cuestionan los entornos que justifican, minimizan o encubren la violencia.
Prevenir significa hablar de consentimiento, educación sexual, responsabilidad de los agresores, actuación de los entornos y acceso efectivo a atención especializada. También significa creer, escuchar y acompañar sin juzgar ni imponer decisiones.
En violencia-sexual.info, la web de Fundación Aspacia, las supervivientes y sus entornos pueden encontrar información clara sobre consentimiento, derechos, formas de violencia sexual, acompañamiento y recursos especializados cercanos.
La página también está disponible en inglés, para acercar esta información a más mujeres y reducir las barreras lingüísticas en el acceso a los recursos. En ella se recuerda una idea fundamental: la responsabilidad siempre es de quien agrede y denunciar es un derecho, no una obligación.
Hacer visibles las violencias sexuales exige mirar más allá de los casos que ocupan el foco en verano. Reconocerlas, prevenirlas y acompañar a las supervivientes es una responsabilidad de todo el año.
Hagamos que las violencias sean visible todo el año. Y la información accesible para todas.