El morbo y el espectáculo alimentan una cultura que banaliza la violencia sexual

Las denuncias de violencia sexual contra el cantante Julio Iglesias vuelven a poner en el centro del debate mediático la violencia sexual, como lo hicieron otros casos internacionales y nacionales. Consideramos que es positivo que la sociedad hable de esta realidad y que se rompa el silencio sobre la violencia sexual, y en particular la que ejercen hombres con poder.

Sin embargo, también es evidente que aún está muy implantada una cultura de la violación que justifica y minimiza las agresiones, y culpa y cuestiona a las mujeres que denuncian. Al salir a la luz esta investigación hemos visto a muchas personas públicas defender al cantante, y señalar a las víctimas. Es una situación que se repite una y otra vez. Lo hemos visto en otros casos mediáticos como el de la violación múltiple ocurrida en Pamplona o como en el caso de Nevenka Fernández, Dani Alves, entre otros.

Esto es el reflejo de una parte de la sociedad que se resiste a entender que las cosas han cambiado, que el feminismo ha hecho posible que se deje de normalizar la violencia sexual y que las mujeres, a pesar de lo difícil que pueda ser, no somos culpables de las agresiones sexuales vividas, y que estamos dispuestas a denunciar y a desafiar la impunidad que respalda a los agresores.

Esta parte de la sociedad que sostiene y alimenta esta cultura de la violación cuestionando a las mujeres sobre por qué no denunciaron antes, por qué se quedaron soportando esta situación, que si en realidad lo que buscan es obtener dinero, etc. refleja una falta absoluta de comprensión de cómo funciona y opera la violencia y el abuso desde el poder, cuando sabemos que el contexto de vulnerabilidad, la necesidad económica, el poder y el prestigio del presunto agresor, la clase social y el factor colonial son factores determinantes para que las mujeres aguanten estos y muchos otros abusos.

Asimismo, se evidencia una carencia total de empatía hacia Rebeca y Laura, obviando que se trata de mujeres que fueron violentadas en un contexto de engaño, dependencia laboral y económica de trabajadoras internas jóvenes, una de ellas migrante…poniendo en primer plano el poder, prestigio e imagen de Julio Iglesias.

Algunos medios de comunicación no solo dan paso a estas voces que cuestionan y denigran a las supervivientes, sino que, además, igual que en otros casos, hacen de esta denuncia un espectáculo mediático contribuyendo a perpetuar la cultura de la violación y de la impunidad en el imaginario social. Esto hace mucho daño a las mujeres que han denunciado, pero también nos hace daño como sociedad e impacta en otras mujeres que estén viviendo algo similar porque desincentiva la denuncia y aumenta el miedo de las mujeres a no ser creídas.

El morbo y el espectáculo alimentan una cultura que banaliza la violencia sexual. Cuando los medios centran su atención en cómo se ve afectada la carrera del cantante están diciendo a la sociedad que lo más importante no es la violencia sino el artista.

Cuando los medios hablan de los detalles morbosos sin ningún contexto nos hacen pensar que ciertas formas de agresión sexual son más graves que otras, nos hacen creer que son hechos aislados y no agresiones constantes, y que no se tenga en cuenta que la desigualdad de poder entre el cantante y las trabajadoras no les permitió consentir ningún contacto sexual.

El papel de los medios como agentes de socialización debería ser el de explicar los hechos en profundidad, explicar por qué una persona con poder puede llegar a cometer este tipo de actos contra mujeres en una situación tan vulnerable, explicar por qué la sociedad lo tolera y normaliza, y explicar con qué apoyos pueden contar las mujeres en España para enfrentar una situación de violencia y agresión sexual.

El dilema de separar la obra del artista podemos dejarlo para quienes dudan de las supervivientes. Esta disyuntiva es la misma que se plantea cuando un hombre cualquiera agrede y se justifica diciendo que era buen padre o buen vecino o buen amigo…si hay una agresión, debe ser investigada por la justicia y en el proceso las víctimas deben ser respetadas y no juzgadas.

Hemos escuchado en estos días innumerables testimonios de personajes públicos y anónimos en defensa de Julio Iglesias, que han seguido el mismo patrón que en otros casos mediáticos, que consiste en atacar a las mujeres víctimas como estrategia de defensa, argumentando que con la sola denuncia se quiebra de la presunción de inocencia del denunciado.

El respeto a la dignidad de las víctimas no colisiona con el principio de presunción de inocencia. Sería deseable que las declaraciones en defensa del denunciado se hicieran desde la prudencia de dejar hablar a la justicia y no atacar o cuestionar a las mujeres, ya que estas están siendo castigadas con un trato denigrante y poco empático.

El rechazo social a la violencia sexual y el respaldo a las mujeres que se atreven a denunciar cualquier agresión y en especial cuando se trata de una persona con poder es fundamental para dejar el mensaje a otras mujeres de que estamos con ellas, que se las cree y que no están solas.

Y de parte de las instituciones públicas españolas se hace necesario que se reconozcan y actúen frente a estas formas de violencia que están atravesadas no solo por el género, sino por el componente colonial y de clase.

Queremos enfatizar en que situaciones como las que hemos conocido en relación a Julio Iglesias no son nuevas ni aisladas. Son violencias que se repiten de manera constante y sistemática y que hemos podido conocer gracias al trabajo de organizaciones de mujeres migrantes feministas que han documentado y acompañado a muchas mujeres migrantes trabajadoras del hogar que han pasado por situaciones similares a las que estamos escuchando en estos días.