La sexualidad y el placer: ¿Qué rol juegan en la atención integral de las violencias sexuales?

Durante el mes de mayo, Fundación Aspacia desarrolló cuatro sesiones de formación sobre sexualidad dirigidas a profesionales de dos centros de atención a mujeres supervivientes de violencias sexuales en Madrid. Las sesiones, impartidas por la sexóloga Sonia Encinas, se realizaron los días 19, 21, 26 y 28 de mayo.

El objetivo de este proceso formativo fue ofrecer herramientas teóricas, prácticas y metodológicas a las profesionales de los centros para la futura implementación de talleres de sexualidad con mujeres supervivientes, en el marco de una iniciativa piloto de abordaje de los derechos sexuales y reproductivos.

Hablar de sexualidad en contextos de atención a supervivientes de violencia sexual requiere una mirada especializada, cuidadosa y  feminista, pues la violencia sexual no solo impacta en el cuerpo, sino que afecta la relación con el deseo, el placer, los límites, la confianza, la seguridad, la autonomía y la forma en que cada mujer habita su propio cuerpo.

Por eso, incorporar la sexualidad en los procesos de acompañamiento es una apuesta de vital importancia para la Fundación Aspacia, puesto que garantiza un acompañamiento libre de prejuicios y expectativas, significa además reconocer que cada mujer tiene sus propios ritmos y procesos para reconstruir, resignificar o explorar su relación con la sexualidad y el cuerpo.

Sexualidad, consentimiento y autonomía

A lo largo de las cuatro sesiones se abordaron contenidos clave como qué es y qué no es la sexualidad, el consentimiento, el placer desde una perspectiva amplia, también se abordó lo erótico, la excitación y el deseo.

Uno de los ejes centrales de la formación fue comprender la sexualidad más allá de una mirada reducida o centrada exclusivamente en las relaciones sexuales. Desde un enfoque integral, la sexualidad también está vinculada al bienestar corporal, el disfrute, la conexión, la intimidad, la autoestima, la capacidad de poner límites y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo.

Hablar de deseo también es hablar de autonomía. El deseo no puede pensarse separado del consentimiento, de la libertad, de la seguridad y de la posibilidad real de decir sí, decir no, cambiar de opinión o no querer responder a ninguna expectativa externa.

En el acompañamiento a mujeres supervivientes de violencias sexuales, estos temas requieren especial cuidado. Muchas mujeres pueden experimentar bloqueos, dudas, rechazo, miedo, culpa, desconexión corporal o dificultades para reconocer qué desean y qué no desean. Por eso, las profesionales necesitan herramientas que les permitan abrir estas conversaciones sin invadir, sin presionar y sin dirigir los procesos.

Herramientas para acompañar sin imponer

La formación también incluyó dinámicas de trabajo grupal y personal orientadas a explorar cómo la sexualidad atraviesa a las profesionales en distintos niveles: en lo personal, en lo profesional y en el trabajo cotidiano con mujeres supervivientes de violencias sexuales.

Este punto es fundamental. Acompañar procesos relacionados con la sexualidad exige revisar creencias, incomodidades, miedos, prejuicios y mandatos sociales que también atraviesan a quienes acompañan. No se trata solo de “hablar del tema”, sino de saber cómo hacerlo desde el cuidado, el rigor y una posición ética.

Desde una mirada feminista, la atención integral no puede limitarse a abordar las consecuencias inmediatas de la violencia. También debe abrir espacios para que las mujeres puedan recuperar poder sobre sus vidas, sus decisiones, sus vínculos, sus cuerpos y sus deseos.

La sexualidad no desaparece después de la violencia. Pero tampoco puede ser abordada como una obligación de “volver a ser como antes”. La reparación no es lineal ni tiene un único camino. Para algunas mujeres, hablar de sexualidad puede ser necesario; para otras, no será una prioridad en ese momento. La clave está en que los espacios de atención puedan sostener esa posibilidad cuando aparezca, sin juicio, sin prisa y con herramientas adecuadas.

Derechos sexuales y reproductivos en la atención a supervivientes

Este proceso formativo forma parte de una apuesta más amplia por incorporar el abordaje de los derechos sexuales y reproductivos en la atención especializada a mujeres supervivientes de violencias sexuales.

Reconocer estos derechos implica entender que las mujeres tienen derecho a vivir una sexualidad libre de violencia, coerción, culpa y miedo. También implica garantizar que los espacios de acompañamiento puedan ofrecer información, escucha y herramientas desde una perspectiva situada, interseccional y centrada en las necesidades de cada mujer.

El proceso finalizará con la elaboración de una guía de contenidos y una caja de herramientas para apoyar la implementación de talleres de sexualidad en los centros. Estos materiales permitirán trasladar los aprendizajes de la formación a propuestas concretas de trabajo con mujeres, desde una metodología cuidadosa, participativa y adaptada a los contextos de atención.

Desde Fundación Aspacia seguimos fortaleciendo espacios de formación para profesionales que acompañan a mujeres supervivientes de violencias sexuales. 

Para Aspacia hablar de sexualidad y deseo también es hablar de reparación, autonomía y derechos.